Ayer por la tarde intente llamarte, pero como siempre no he podido contactar contigo. Nada especial, o mejor dicho sí, te quería contar mi visita a Girona; estoy seguro que te hubiera encantado.

Como siempre, me tocó ocuparme de todo, mientras todos dormían. Tommy quería viajar en tren, a Sivan le daba lo mismo y Tali y yo preferíamos ir en coche, así que decidimos hacer cuentas. El tren normal costaba 8,40 euros y tardaba unos 80 minutos, mientras que el de alta velocidad (AVE) llegaba en 40 minutos, pero costaba 37,20 euros. La opción más barata era ir en autobús, a 21 euros ida y vuelta, pero como tenían poca frecuencia la descartamos inmediatamente. Ir en coche fue una buena idea, pero los 120 euros más gasolina (40 euros) y peajes (36 euros ida y vuelta) sin contar el parking que seguramente había que pagar, no era una buena opción. Finalmente, nos decidimos por el AVE, además supimos que hay un descuento del 50% en el billete de vuelta.

La mañana siguiente, salimos todos en dirección a Sants Estació, la estación central de trenes de Barcelona. Viajamos en metro y llegamos poco antes de las nueve de la mañana, justo a tiempo para comprar los billetes (también lo puedes reservar online en renfe.com) y coger el tren. Te enviaría algunas fotos del viaje, pero como no sean del vagón poco más te puedo enseñar. El AVE es el tren de alta velocidad, lo que hace complicado tomar fotos al exterior.

Al llegar a Girona, el tren nos dejó en la estación central y lo primero que hicimos fue ir caminando a la Oficina de Información Turística situada en la Rambla de la Llibertat 1. Allí nos recomendaron comenzar nuestro paseo por el call, como llaman en catalán a las juderías. Así que nos dirigimos a pie hacia la parte antigua de la ciudad y voluntariamente nos perdimos en sus laberínticas calles empedradas de estilo medieval. Como comentó Tali, al parecer no solo en Israel se comparte territorio, en Cataluña también había una mezcla de culturas que habitaron esta ciudad.

El segundo lugar que visitamos fueron los baños árabes; según Sivan fueron construidos durante el siglo XII inspirados en los baños romanos de los alrededores de Cataluña. Me gustó mucho su estado de conservación. Están ubicados a pocos metros de la catedral, en la calle Ferran el Católico s/n. No es necesario reservar ni nada por el estilo, solo pagar 2€ por persona como entrada o 1€ si eres estudiante menor de 18 años, o jubilado. Están abiertos todos los días del año de 10h a 14h, y de abril a septiembre hasta las 19h. Realmente vale mucho la pena visitarlos.

Al acabar nos dirigimos a nuestra tercera visita: el Museo de Historia de los Judíos de Girona. El guía nos contó que el museo lleva abierto desde 1992 y que fue construido sobre los cimientos del principal centro comunitario judío de Girona, que albergaba una sinagoga, una carnicería y la mikvé. Entrar y caminar por sus exposiciones me hizo comprender un poco más acerca de la historia del lugar. Cuentan con audioguías en varios idiomas, pero no en hebreo…un detalle a solucionar. El museo está ubicado en la calle de la Força 8, en pleno call de Girona y abre cada día del año menos los lunes. El precio de la entrada es de 4 euros y de 6 euros si se quieres realizar la visita con audioguía. No es nada caro.

La cuarta visita de nuestra lista era la recién descubierta mikvé, que data del siglo XV y que es en la actualidad una de las mejor conservadas de toda Europa, junto con la de Besalú, Sicilia y Montpellier. Está ubicada dentro del museo, por lo que ir a verla era más que obligatorio. Era más de la una de la tarde cuando salimos del museo y comenzamos a caminar por las calles del call. De repente todo fue silencio hasta que Inbal preguntó; ¿no fue acaso en Girona donde nació el Ramban? Estamos en el corazón de la cávala, donde se desarrolló uno de los pensamientos filosóficos más brillantes del judaísmo, donde los estudiosos compartían todo su conocimiento…y yo en shorts agregó Sivan… Sea por la razón que fuera, quisimos hacer la quinta visita antes de comer, seguir la ruta de las mezuzot y ver si al tocarlas algo de sabiduría quedaba en nosotros. La calle Hernández y la de la Força mantienen aún los lugares en donde se colocaban los rollos. Fue muy gracioso ver las caras de seriedad del grupo al momento de tocarlas. Lamentablemente las piedras no traspasaron sabiduría, o al menos eso pensamos en ese momento.

Llegó la hora de comer. Sabíamos por las guías que Girona es una de las regiones con más estrellas Michelin por metro cuadrado y que la gastronomía contemporánea es uno de sus atractivos. Bien, todo muy bien, pero como siempre algo nos hizo volver a la realidad: los precios. Si bien es cierto la ciudad cuenta con todo tipo de restaurantes, buscábamos dos factores específicamente: una buena calidad precio y la posibilidad de comer lo más kosher style posible; y aunque parezca extraño en un sitio tan turístico como ese lo encontramos. El restaurante se llamaba DRAPS, y tenía una peculiaridad, todos sus platos son para compartir, lo cual nos dio la oportunidad de probar varias cosas y a un precio correcto; 30 euros por persona con vino, postres y cafés incluidos. Hay un menú que llaman “sefardí”, que en términos en españoles es exótico, mientras que para nosotros fue conocido y muy bueno. La dirección: C/Corta Real 2, a pocos metros del museo y en pleno corazón del call. Mientras comíamos comenzó a llover, el camarero, nos comentó que octubre suele ser un mes de lluvias, por suerte el cielo se aclaró pronto; teníamos paraguas ni ropa adecuada.

Continuamos paseando por la ciudad, y llegamos a la muralla romana fundacional de la ciudad, que tiene más de 2000 años. Seguimos por orden por la Catedral de Girona de estilo románico que data del siglo XI, que fue reformada con partes góticas el siglo XIII, y que fue finalizada de construir el siglo XVIII. Ambos lugares me resultaron interesantes, especialmente la catedral que cuenta con un claustro románico del siglo XII perfectamente conservado, que me transportó por un momento al pasado medieval de Europa, aunque Sivan rápidamente me hizo entrar en razón, “no creo que hubiera sido una buena época para nosotros”, me dijo. La catedral se ubica en la Plaza de la Catedral s/n, y solo levantando la cabeza desde cualquier parte de Girona la podrías encontrar. Impresiona, para que decir que no.

Dejamos para el atardecer el paseo por la muralla para ver Girona desde lo alto. Son unas antiguas murallas carolingias del SXI, sobre las cuales se edificaron otras entre los siglos XIV y XV que en la actualidad rodean el casco histórico. Aunque fueron parcialmente destruidas en el siglo XIX debido a la expansión de la ciudad, aún quedan partes que se salvaron o que fueron reconstruidas con forma de un paseo elevado, también conocido en catalán como el “Passeig de la Muralla”. No sabes lo difícil que fue pronunciarlo, vamos que nadie me entendió cuando quise mostrar mi toque cosmopolita; todo burla, sobretodo por parte de Tali y Tommy… es que son tan cultos. Ver el atardecer desde allí arriba fue realmente muy relajante y hasta se puede decir romántico, claro si vienes en pareja sino, solo te queda la nostalgia. Como las veces anteriores Sivan se dio completamente por no aludida…Bueno, desde arriba se pude ver mucha naturaleza, la ciudad casi al completo y un lugar que nos llamo mucho la atención: la montaña de Montjuic (que significa monte de los judíos); dicen que era el cementerio de la comunidad judía de la ciudad, así que como dice mi abuela mejor ni acercarse. Nos contaron varias leyendas, que ya te las diré cuando vuelva.

Dónde crees que acabamos el día, pues de compras claro, donde más sino. Se ve Girona que es una ciudad con un poder adquisitivo alto, y aunque habían tiendas, galerías y uno que otro centro comercial no hay la variedad que tiene Barcelona ni tampoco sus precios. Tienes que saber que todo es más barato aquí que en Israel, así que seguramente algo podrás encontrar. Salir de compras nunca está demás, sobre todo si viajas como yo, con la tarjeta de crédito. Ya lo sé, debo ser responsable, que todo se paga en esta vida…pero no mañana.

Volvimos a la estación y cogimos el tren para Barcelona poco antes de las 19:00, la parada final era Madrid Atocha, pasando por Barcelona, una tentación para no bajar, pero será para el siguiente viaje, si mi jefe y el banco me dejan. Bueno te dejo que me esperan para cenar en el barrio del Born de Barcelona, ya que contaré cómo me fue.