No deben ser muchos los pueblos o ciudades que honren la memoria de un filólogo semítico dedicándole una plaza. Sin duda, es un caso especial, como especial es Besalú.

En la plaza donde encontramos la mikvé y la sinagoga, conocida como la “Plaça dels jueus”, reina una placa donde la Villa de Besalú rinde homenaje al historiador Manel Grau Montserrat. La verdad es que se lo tenía bien merecido, Manuel Grau presentó en 1975 una tesis doctoral en la Universidad de Barcelona titulada “La Judería de Besalú, siglos XIII a XV” que serviría de llave pocos años después para conocer y profundizar el riquísimo legado judío de la ciudad. Sorprende la dedicación de este hombre, cuyo lazo con el Judaísmo solamente pasó por su interés y curiosidad académica. Me alegra saber que el patrimonio judío de las ciudades en Catalunya es visto como patrimonio propio, parte de una historia conjunta.

Estoy muy enfrascado en estos pensamientos, pero como el calor aprieta en la “plaça del jueus” y la gente comienza a verme, un poco extrañada, como miro atónito la placa en vez de ver la magnífica vista del puente de Besalú, decido cambiar de ruta, salir del bullicio de turistas y averiguar que pasó con el cementerio. Todavía no se ha explorado arqueológicamente, por lo que no queda nada a la vista. Además, no solo eso, nuestras expectativas de ser los primeros en encontrar algún resto del cementerio bajan estrepitosamente, en 1492 los reyes dieron autorización para utilizar las piedras de las lápidas del cementerio judío como material de construcción, feo detalle… Volviendo al tema, según la documentación, el cementerio se encuentra fuera de la ciudad, fuera de los muros, a menos de un kilómetro de la ciudad. En el mapa (dibujado a mano) donde el historiador plantea la ubicación del cementerio aparecen algunas pistas que nos ayudarán a acceder al terreno. Tenemos como referencia el antiguo horno de cal, la parroquia de Sant Marti de Capellades y la parroquia de Sant Vicenç. Entre ellas, se encontraría el cementerio.

Cruzo el puente en dirección contraria y me acerco al bar a preguntar a algún lugareño sobre estos parajes. Rápidamente me encuentro a uno y le interpelo: ¿Perdone, sabría indicarme donde se encuentra el antiguo horno de cal?, la respuesta es contundente y bizarra: Joven, no encontrarás trabajo en estos tiempos en los hornos…Madre mía, el camarero acude a mi rescate dándome, esta vez, claras indicaciones.

Ahora si, encontramos el antiguo camino real que une Besalú a Girona, un precioso camino de tierra que bordea el río Fluvià. Algunos aprovechan el calor para darse un chapuzón en el río, otros, más preparados, celebran un pic nic en sus orillas. Desde la parroquia de Sant Martí de Capellades, donde se encontraba el antiguo cementerio cristiano de Besalú, contemplo el paisaje. A mi lado, una pequeña parroquia abandonada, en el horizonte, un inmenso bosque se abre ante mí. Reina la calma.  Por supuesto, ni un solo vestigio del Fossar del Jueus, del cementerio. Árboles y juncos se dibujan entre el camino, el río y la ciudad medieval. Viene a mi mente la imagen de cómo debería ser la procesión fúnebre. Saldría desde el portal del call, toda la judería acompañaría en este último camino, donde a menos de un kilómetro se recogería la comunidad para dar un último adiós. Una interesante forma de alejarse de todo, contemplar la ciudad desde fuera y dar alas a la imaginación.