Pasear por la capital del antiguo condado de Besalú supone vivir una aventura medieval en primera persona que nos hará viajar por  la historia y volver al esplendor de aquella época. Espacios únicos que nos ayudan a entender cómo era la personalidad de la ciudad y de sus habitantes a principios  del siglo XI.

La plaza porticada era y sigue siendo el centro neurálgico del pueblo que acogía el bullicioso mercado, la judería con unas callejuelas estrechas, retorcidas, llenas de misterios y supersticiones, la sinagoga y la mikvé, el puente fortificad,  y su particular y nada caprichosa forma, el monasterio de San Pedro, el castillo del Conde… Un viaje trepidante a un lugar que no deja indiferente a nadie.

No hay mejor manera de conocer sitios nuevos que en compañía de personas vecinas del lugar, por ello dejadme que os presente a vuestros guías de viaje que provienen de Pavia: el maestro constructor Primo Lombardo y a su hijo Ítram. A diferencia de vosotros, llegaron a Besalú a pedido del Conde en el año 1066, el cual por recomendación del Papa decidió construir un puente fortificado para la capital del condado. Una obra providencial para la seguridad de los que vivían en la ciudad en aquella época, pero a la vez muy complicada por todos los intereses que habían en juego. Personalidades perfectas para entender la vida de Besalú en la época medieval  y que nos ayudarán a conocer todos los enigmas, y los secretos pocas veces comentados.

Nos recomiendan comenzar nuestro recorrido entrando por el portal de Bell–lloc bajando por la calle Principal, y zambullirnos de lleno en la vida de la capital del condado; mezclarnos con los pobladores entre las tiendas del mercado; embriagarnos por los sonidos y los olores y dirigirnos luego hacia el barrio de Catllar, un lugar a medio camino entre el castillo y las casas de sus vecinos: los judíos; nos daremos cuenta de que estamos en el corazón de Besalú. Desde allí, nos comentan que tenemos dos opciones, ir hacia el monasterio benedictino de San Pedro, pasando por la riera de Ganganell y por las humildes casas del vecindario del mismo nombre, y el de Vilarrobau; o si se preferimos podemos dar marcha atrás y volver al portal de Bell–lloc y pasar por la parroquia de San Vicente y las casas que la rodean…Dependiendo del camino, viviréis  una aventura u otra, pero siempre estaréis dentro del Besalú medieval. 

El puente: la grandeza del puente solo se percibe desde la orilla del río. Bajar, contemplaréis su forma angular, una forma que desde el año 1074 respeta la corriente del agua. Las grandes piedras que hay en los cimientos de cada pilar son las mejores bases sobre las que el maestro Lombardo levantó una construcción clave para la defensa del condado de Besalú. Lo hizo gracias a su ingenio, pero también con el esfuerzo de sus habitantes judíos y cristianos, que se dejaron la piel en la obra. Si prestáis atención, aún os parecerá verlos trabajar encima de los andamios. La actividad en la obra fue frenética. Primo aseguró al conde Bernardo Tallaferro que en diez años tendría el puente acabado.

La judería: la comunidad judía de Besalú fue muy importante. Vivía muy cerca del puente, e incluso el vigilante de las obras era un antiguo miembro de esa comunidad, Jeremías, un converso al cristianismo. Los judíos vivian alrededor de la sinagoga y la mickvé. Descubrir todos los rincones  y entrar en los lugares más sagrados del judaísmo. No lo dudéis vosotros podéis hacer lo mismo. Entrad en la sinagoga- la mejor conservada de este período medieval en Catalunya-  y visitar la sala del rezo presidida por una Torá. Sentarse en uno de los bancos de piedra, cerrar los ojos y podréis oír a los estudiosos leyendo el Talmud. Luego bajar uno a uno los peldaños que conducen hasta la mickvé. Una inmersión en la cultura y la religión judías que pasará también por encontrar un camino, una galería secreta y subterránea que atraviesa el río Fluvià y que permite entrar y salir de la capital del condado sin ser vistos por nadie.

La mezuzá: deteneos frente a esta rendija, situada a la derecha de la puerta de cada casa. Quedan pocas en Besalú, y es más importante de lo que creéis. La mezuzá es según Ítram una pieza clave del complot de la ciudad, de la conjura para derrocar a Bernardo II de Tallaferro y entorpecer la construcción del puente.

El monasterio de San Pedro:  localizado fuera de las murallas se alza imponente desde su fundación en el año 977. En las paredes de este templo los guías nos cuentan que aún resuenan los cánticos de los monjes y los argumentos del maestro Lombardo para defender con convicción el trazado del puente. Él justifica que no sea recto, tal como propone el camarero del abad, fray Florencio. Desde un rincón, Ítram no pierde detalle y lo escribe todo en unas memorias, que son la base de una historia que años más tarde se consultará para reconstruir el puente.

Acabamos nuestra ruta por el Besalú medieval en compañía de nuestros guías por la calle del Portalet, protagonistas de la conocida novela histórica “El puente de los judíos”.

NOTA
Historias, personajes, lugares, complots, pasión, época medieval, Sefarad… son ingredientes de la novela “El puente de los Judíos” del escritor Martí Gironell. Libro más que recomendable para conocer y vivir en primera persona los lugares más representativos del Besalú medieval y realizar una visita histórica siguiendo el recorrido de la novela.
TERMINOLOGÍA
1. La mikvé (en hebreo מִקְוֶה / מקווה) es el espacio donde se realizan los baños de purificación que prescribe el judaísmo. Es un lugar que reúne aguas de origen natural, como el agua de lluvia, de un río o de un manantial. De hecho, se trata de una pequeña piscina que está unida a una fuente de aguas naturales que fueron recolectadas en forma natural, a las que se les agrega luego agua limpia y templada. Puede ser utilizada tanto por hombres como por mujeres, aunque hoy en día solo las mujeres conservan la obligación de utilizar la mikvé en forma ritual siete días después de la culminación de cada ciclo menstrual.

2. La mezuzá (del hebreo מְזוּזָה, «jamba de la puerta»; plural mezuzot) es un pergamino que tiene escrito dos versículos de la Toráh; el Shemá Israel” (שְׁמַע יִשְׂרָאֵל, “Escucha, oh Israel” ) y Vehayá im shamoa (וְהָיָה אִם שָׁמֹעַ, “En caso que me oyéreis“. Se encuentra albergado en una caja -o receptáculo- que es adherido al  marco derecha de los pórticos de las casas y ciudades judías. El precepto de fijar una mezuzá en las puertas de las casas es uno de los más antiguos y arraigados del judaísmo.

3. La sinagoga es un lugar de culto judío; el término proviene del latín sinagōga, y éste del griego sÿnagōgē, del verbo sÿnágein (reunir, congregar). En hebreo se llama Bet haKenéset (בית הכנסת), o lugar de reunión. Tiene múltiples equivalentes, correspondientes a las diferentes tradiciones; como el yidish que utiliza la palabra שול o shoul (escuela) y el ladino אסנוגה esnoga.