Repartidos por el relieve abrupto de Gran Canaria, los pequeños caseríos blancos y el carácter rural definen San Bartolomé de Tirajana. Situado a 54 km al sur de la capital, es el municipio más extenso de la isla y abarca desde la costa hasta el Macizo Central.
Playa del Inglés, con sus seis kilómetros de arena dorada, constituye el principal imán turístico. Junto a ella se alzan las dunas de Maspalomas —1.000 hectáreas de desierto auténtico— que contrastan con los 5,5 km de litoral. El área concentra resorts de 4 y 5 estrellas, bungalows, centros de wellness y spa, palacio de congresos, dos campos de golf, parque temático y una completa oferta comercial y gastronómica. Cada año recibe millones de visitantes —parejas, familias, amantes de la naturaleza y deportes acuáticos— y es referente mundial para la comunidad LGBTIQ+, que encuentra un entorno inclusivo y respetuoso.
Pero San Bartolomé de Tirajana ofrece mucho más que playas. Sus caminos rurales invitan a descubrir patrimonio histórico, formas de vida y una cultura viva.
Paseo por Tunte
Históricamente conocida como Tunte, la capital del municipio se asienta a los pies de los Morros del Pinar, junto al barranco de Tirajana, a 890 metros de altitud. En el centro del cráter homónimo, funciona como nudo de comunicaciones entre norte y sur y es punto de partida ideal para senderismo.
El casco exhibe una rica mezcla arquitectónica que refleja su evolución. Destacan la iglesia de San Bartolomé y La Panera de Tunte, acogedor café-panadería fundado en 1848.
Un paseo por Tunte descubre casas de casi quinientos años con detalles artísticos y patios rebosantes de plantas, testimonio de una vida en armonía con la naturaleza. Cafés y restaurantes proponen platos tradicionales y licores como la guindilla —cerezas silvestres maceradas en aguardiente—. La gastronomía local ocupa un lugar central en las celebraciones.
La fiesta grande en honor a San Bartolomé, tercera semana de agosto, llena el pueblo de vida. Aunque de raíz cristiana, hoy incluye baile, folclore, conciertos y concursos. Uno de los momentos más esperados es la feria gastronómica: puestos de cebolletas, barbacoas, batatas gigantes, quesos de la zona y vinos que inundan de aroma la plaza.
Fataga: el Valle de las Mil Palmeras
A pocos minutos de San Bartolomé, Fataga —conocido como «Valle de las Mil Palmeras»— deslumbra por su belleza natural e importancia histórica. El pueblo, encaramado en la ladera sobre un valle fértil, conserva el modo de vida canario tradicional. Calles estrechas y sinuosas flanqueadas por casas encaladas y flores han valido a Fataga el título de uno de los pueblos más bonitos de España.
Su microclima, favorecido por los vientos que traen humedad desde las montañas, crea un oasis que sostiene palmeras emblemáticas y una rica vegetación.
La plaza de la Iglesia, con la iglesia de San José del siglo XIX, es el corazón de las celebraciones locales.
Fataga atrae a senderistas y amantes de la naturaleza: múltiples caminos recorren el valle y ascienden a las cumbres, con vistas espectaculares y diversidad botánica.
Tunte y Fataga ofrecen dos alternativas tranquilas y culturalmente ricas a los destinos más concurridos de Gran Canaria, permitiendo vivir la isla de forma más íntima y auténtica.







