Barcelona es conocida por su arquitectura modernista y su vida cosmopolita, pero en el entramado del Barrio Gótico se conserva una historia menos visible: la del antiguo barrio judío, El Call. Este espacio fue durante siglos un centro de vida comunitaria, comercio y pensamiento, y terminó marcado por la violencia y el olvido. Hoy, como parte de la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad, la ciudad invita a descubrir esta herencia que forma parte esencial de su identidad.
La presencia judía en Barcelona se consolidó entre los siglos IX y XIV bajo la Corona de Aragón. El Call no era un gueto cerrado, sino un distrito integrado en la ciudad, con sinagogas, escuelas, baños rituales y hospitales. La comunidad llegó a representar cerca del diez por ciento de la población y destacó en la banca, la medicina y el comercio mediterráneo. También fue un foco intelectual: pensadores como Nahmánides, conocido como Rambán, desarrollaron obras que influyeron en la filosofía y la teología judía en toda Europa. Su intervención en la Disputa de Barcelona de 1263, ante el rey Jaime I, es uno de los episodios más célebres de la historia judía medieval.
Otro nombre esencial es Salomó ben Adret (Rashba), gran rabino de Barcelona durante más de cuarenta años. Dirigió la sinagoga mayor y la academia talmúdica, redactó miles de responsas y fue consultado desde toda Europa. Su figura simboliza el esplendor intelectual del Call y hoy da nombre a una calle emblemática: en 2018, el Ayuntamiento cambió la antigua Sant Domènec del Call por Carrer de Salomó ben Adret, en respuesta a una petición de la comunidad judía para eliminar una referencia vinculada al pogromo y rendir homenaje a este maestro de la Ley.
Sin embargo, ese periodo de prosperidad se interrumpió en 1391, cuando una ola de violencia antijudía arrasó la península. El pogromo en Barcelona provocó muertes, saqueos y conversiones forzadas. La Inquisición, instaurada décadas después, profundizó la desaparición de la vida judía visible. Sin embargo, la memoria persiste en fragmentos: inscripciones hebreas incrustadas en muros, lápidas recuperadas en Montjuïc y nombres que aún designan calles del centro histórico.
Para comprender esta historia, el visitante puede recorrer los espacios que la evocan. En la actual calle Salomó ben Adret se encuentra la Antigua Sinagoga, considerada una de las más antiguas de Europa. El interior conserva elementos originales y ofrece visitas guiadas que explican la evolución del espacio y la vida comunitaria. Muy cerca, el MUHBA El Call presenta documentos, objetos y mapas que reconstruyen la organización del barrio y el impacto del pogromo. En la calle Marlet, una piedra con inscripción hebrea recuerda al rabino Samuel ha-Sardí, testimonio de la presencia intelectual en la ciudad.
Fuera de la ciudad vieja, en Montjuïc, cuyo nombre se asocia a la antigua necrópolis judía, completa el recorrido. Allí se han hallado tumbas antropomorfas y lápidas que hoy se exhiben en museos. El topónimo, que significa “Monte de los Judíos”, mantiene viva la referencia a un espacio funerario que funcionó durante siglos.

Explorar la Barcelona judía implica salir de los circuitos turísticos más concurridos y adentrarse en calles estrechas donde cada detalle cuenta. Las rutas señalizadas y las visitas especializadas permiten seguir el trazado del Call y comprender cómo se integraba en la ciudad medieval. Además, la programación cultural, como el Día Europeo de la Cultura Judía y el Festival de Cine Judío, conecta esta memoria con la vida contemporánea.
Barcelona no solo conserva vestigios medievales: hoy alberga una comunidad judía activa, estimada entre 4.000 y 8.000 personas, con al menos cinco sinagogas y centros culturales. Estas instituciones reflejan la continuidad y la renovación de la vida judía en la ciudad.







